Neoliberalismo y violencia

El neoliberalismo incrementó dramáticamente la pobreza y la desigualdad, aumentando la violencia y el delito entre los sectores sociales más desfavorecidos. La represión y el encarcelamiento indiscriminado no son la solución. La alternativa es profundizar la democracia en todos los niveles.

En los últimos años este modelo ha tomado fuerza en América Latina, imponiendo sus modas y publicidades en pro de un status de vida, que quienes lo defienden creen que es la correcta.  Olvidando las políticas sociales e inclusivas  que garantizan las verdaderas necesidades del pueblo como el derecho a un techo, educación y salud de calidad. Se gobierna en pro de las empresas e intereses aumentando aún más la brecha  social. Que muchas veces se ve reflejada en el aumento de la delincuencia.

 “El Neoliberalismo es una patología y hay agentes transmisores en los Medios de Comunicación… así ironizó alguna vez Cristina Kirchner, ex mandataria argentina. País en el cual se está volviendo a esta política de estado, tomando como ejemplo a Chile.

Mariano Ciafardini, Criminologo y ex director de Política Criminal explica este fenómeno muy bien:

“Los mismos que aplican las políticas neoliberales no pueden reconocer que lo que se está produciendo se debe a las políticas que ellos aplican. La mejor forma de disfrazarlo es con una réplica represiva que da a entender que el origen del aumento de la violencia está en la maldad humana. Ellos dicen que el problema tiene que ver con la benevolencia de las leyes o que es producto de la tolerancia. Eso es un artificio. Lo que hacemos en el libro es señalar la relación entre pobreza, o mejor dicho exclusión, y violencia”

“Lo que digo responde a una realidad, pero no equivale a decir que los pobres son delincuentes. Lo que digo es que la pobreza extrema crónica genera violencia en algunos sectores sociales, particularmente juveniles. Esto no significa echarle la culpa a los que en definitiva son víctimas de esta exclusión sino que hay que echarle la culpa a las políticas y a la falta de políticas para incluir, re incluir y dar oportunidades reales a quienes son autores-víctimas.”

Cito una de las preguntas que realizó Pagina 12 a Ciafardini en la entrevista que le hicieron:

-Hay que dejar de lado la típica salida de la “mano dura”.

–“Este es el gran tema, porque mientras nosotros sigamos discutiendo si todo pasa por aumentar las penas o no, estamos perdiendo tiempo. Eso es como una cortina de humo que sigue ocultando los problemas reales y las propuestas válidas, aunque sean de urgencia. Con el libro intento generar una mayor sensibilidad. Estoy tratando de aportar algo al tema de la educación, de la difusión y a llamar la atención sobre esta cuestión, tanto a la población en general como a los que están en la función pública. Hay que darse cuenta y después concentrarse sobre el problema. Hay que actuar rápido, porque cuando las cosas estallan, es demasiado tarde”

No hay argumento que explique la violencia de las personas al referirse a los  “métodos para acabar con ella”, están lejos de entender el trasfondo de los pibes que salen a robar. La solución no es meterlos presos, ni golpearlos en la vía pública, ni mucho menos bajar la edad de imputabilidad de los menores que delinquen. El problema hay que erradicarlo desde las políticas de estado. Cambiando las que podemos ver hoy y que día a día excluyen y marginan a los chicos.  Esta es una realidad que se viene viendo en América Latina.

Titulares como los siguientes son la pauta de los medios, que lejos de tocar los problemas de fondo, tratan de culpar al sistema penal y a los jueces por la falta de castigo. Siendo que esta no es la forma de acabar con esta problemática.

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En las redes sociales también es común ver las  llamadas detenciones ciudadanas, en las cuales los ciudadanos detienen a los delincuentes y hacen justicia con sus propias manos, llevados por el odio que los mismos medios de comunicación fomentan al mostrar los múltiples robos y el supuesto aumento de la delincuencia. Digo supuesto ya que muchas veces esto es una percepción, y no lo que refleja los índices actuales.

Lo más cómico es que mientras buscaba citas para respaldar esta nota descubrí que en una página donde se habla de la delincuencia, en el banner de los costados aparece un anuncio de Starbucks, cafetería gringa que como mencionamos arriba vende un status de vida. Y tomar  café allí es “súper cool”.

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Para finalizar comparto el relato de un argentino que leí por ahí. Es una anécdota que le ocurrió a él y vale la pena leerla. Este es el cambio de mentalidad que necesitamos para hacer del país un mundo mejor. Pese a que no solo basta con ello, también hace falta que los políticos se pongan los pantalones, dejando los intereses de mercado de lado y creen políticas gubernamentales en pro de las garantías constitucionales de las personas.

HACE UN TIEMPITO ATRÁS, CUANDO EL PAÍS VOLVÍA A DAR OPORTUNIDADES (Ante tanta mala noticia por ahí leer este humilde comentario le ayudara a cargar las pilas a muchos amigos)………Esta anécdota la conté hace un tiempo, pero hoy me gustaría darle otro enfoque. En el 2004 yo estaba en una situación realmente complicada. Mi negocio no se podía recuperar de tantos años de desaguisados económicos en el país. Trabajaba a la noche de remisero para aportar unos mangos a la casa. Al mismo tiempo tenía un pequeño reparto de diarios y revistas que con la ayuda de mi único tío por parte de mi madre llevábamos adelante. Trabaje toda la noche de un sábado en el remís y cuando a las 7 de la mañana del domingo preparaba los diarios para que mi tío los repartiera viene un vecino a los gritos diciéndonos que nos había robado la bicicleta con la que repartíamos los diarios. Se me helo la sangre. Me dijo que había visto al que me la robo y que lo corrió, pero no pudo alcanzarlo. Pero me paso el dato del nombre del ladrón y donde vivía. Era un muchacho de unos 18 años que estaba con serios problemas de drogadicción y que robaba lo que se le cruzara. Me dijo también que los padres era gente buena y trabajadora. Me fui a la casa. Salió la madre y le explique la situación. Le dije que estaba sin dormir por haber trabajado toda la noche conduciendo un auto porque mi situación era muy mala y que cuando vuelvo de ese trabajo me encuentro con que su hijo me había robado la única bicicleta que teníamos para repartir diarios. Me comento que estaba desesperada, que ya no sabía qué hacer con su hijo y que todavía no había vuelto a su hogar. Fui muy clarito. “señora, le doy una hora y media, si en ese tiempo no aparece la bicicleta hago la denuncia en la comisaria con el testigo que tengo, soy tan pobre como ustedes”, le dije con firmeza. Me dijo que iba a salir a buscar a su hijo en los lugares que sabía frecuentar. Me volví a mi casa con un nudo en la garganta. A la hora y cuarto veo venir por la vereda a dos chiquitos con mi bicicleta toda embarrada y medio desarmada. Era los dos hermanitos más chicos del muchacho que me había robado. Venían con una carita que no puedo describir con palabras. “acá esta la bicicleta señor, dice mi mamá que le pide mil perdones”, me dice el mas grandecito avergonzado a mas no poder. Se me partió el corazón. Solo atine a decirles que ellos no debían tener vergüenza, que estaban haciendo lo correcto y eso los tenía que hacer sentir bien y que debíamos ayudar a su hermano mayor que estaba muy enfermo. El más chiquito se largó a llorar desgarradoramente. Me agache, lo puse contra mi pecho con una mano al mismo tiempo que con la otra agarraba la mano del mayor. Fue uno de los momentos más excepcionalmente emotivos de mi vida. Se fueron los dos agarraditos de la mano. En el 2011, ya yo trabajando en la estación donde trabajo actualmente llega un día una camioneta con muchos obreros a cargar gas, cómo la hacen un montón durante el turno. Por ahí veo que uno de los obreros más jóvenes me miraba tímidamente y me sonreía. “¿Cómo anda amigo, lo conozco?”, le pregunte intrigado. Para mi agradable sorpresa era uno de los dos hermanitos de esa mañana de domingo del 2004.Me comenta que hace un año estaba trabajando con esa empresa, desde muy joven. Que gracias a Dios se había comprado una motito y que ayudaba a sus padres. Me dijo también que nunca se había olvidado de esa mañana, de lo que le dije y del abrazo que nos dimos los tres ese día. No me da vergüenza decirlo, se me llenaron los ojos de lágrimas. Le di un apretón de manos que casi se la quiebro. Cuando comente esta anécdota hace un tiempo muchos amigos face me dijeron que era hermoso lo que había hecho con esos dos hermanitos. Creo que Dios me ilumino y puso en mi boca las palabras justas. Pero hoy quiero darle otro enfoque a la cosa. Dejando de lado lo que yo les dije, de nada hubiera valido si en el país no se hubiera registrado el cambio que se registró, que ese pibe que tenía todas en contra para salir para el lado más jodido, el que lamentablemente muchos pibes toman, se agarró de la oportunidad que le dieron y torció su destino. Fue mérito de él, pero hubo un marco que lo favoreció. Hoy hay sombras negras sobre el país. Yo no sé si hoy, sí las cosas siguen en el curso que han tomado en los últimos meses él tendría una oportunidad. Y para terminar, cuando escucho a muchos decir “que a estos pibes hay que matarlos de chiquitos para limpiar la sociedad” me agarra un veneno que me enerva la sangre. Si en vez de balas usáramos un poco de amor, paciencia y comprensión tal vez la cosa pasaría a ser distinta. Salvo en casos patológicos, la inmensa mayoría de los seres humanos no nacen malos. La vida y su entorno los va moldeando y formando. La palabra justa en el lugar indicado puede torcer la realidad más dolorosa. Porque al fin y al cabo “la Patria es el otro”. Tengan todos una excelente jornada.”………….Hoy el país está como esta.

Por Anabella Ballesteros

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Apaga la tele

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